Mauro Poletti, merece algo más que una declaración formal de repudio. Merece una respuesta contundente de toda la comunidad política.
Porque cuando se amenaza a un intendente, más allá de su partido, de sus ideas, de sus aciertos o de sus errores, no se está amenazando solamente a una persona. Se está intentando condicionar a una autoridad elegida por el voto popular. Y ahí debería terminar cualquier diferencia.
Desde La Corriente de la Militancia y Nuestro Medio repudiamos absolutamente el hecho y expresamos nuestra solidaridad con Mauro Poletti y su familia. Pero también creemos que este episodio debe interpelar a todos: oficialismo, oposición, dirigentes, concejales, militantes, organizaciones políticas y sociales.
No alcanza con repudiar cuando la amenaza le toca a alguien de nuestro espacio. La democracia se defiende también cuando amenazan al que piensa distinto. Ese debería ser el verdadero límite.
Las circunstancias de la llamada deberán ser esclarecidas por la investigación correspondiente. Entre las hipótesis que trascendieron se encuentra la posibilidad de que la comunicación haya sido realizada desde un teléfono celular presuntamente hackeado en San Nicolás. Si esto fuera confirmado, estaríamos ante un mecanismo que agrega todavía mayor gravedad al episodio.
Porque una cosa es una discusión política. Otra muy distinta es utilizar mecanismos de intimidación, anonimato y violencia para intentar condicionar al otro. Y si detrás de estas acciones existieran intereses políticos, económicos o personales, deberán ser investigados y expuestos con toda la fuerza de la ley. Sin importar de qué lado estén.
Nadie puede pretender ganar una discusión política mediante el miedo.
También resulta preocupante que algunos actores públicos y quienes utilizan las redes sociales como plataforma de exposición encuentren motivos de diversión en una situación de esta naturaleza.
Una amenaza no es contenido. No es entretenimiento. No es una oportunidad para conseguir seguidores. Y mucho menos puede transformarse en una herramienta para construir una carrera política.
Quienes aspiran a ocupar cargos públicos deberían entender algo elemental: el poder se disputa con votos, no con amenazas; con argumentos, no con intimidaciones; con proyectos, no con miedo.
Por eso creemos que la dirigencia política de Ramallo, San Nicolás y de toda la región debería expresarse con claridad. Sin especulaciones partidarias. Sin el cálculo mezquino de preguntarse primero "¿a quién beneficia?". Sin esperar a saber si la víctima pertenece a nuestro espacio, porque mañana puede ser otro intendente. Después un concejal. Luego un dirigente. Un periodista. Un empresario. Un vecino. Y ya lo vemos en el plano nacional.
Cuando una sociedad empieza a aceptar que amenazar al otro es parte del juego, la democracia comienza a perder terreno.
Ya existen antecedentes de amenazas de características similares en San Nicolás. No corresponde minimizar estos episodios ni convertirlos en una disputa entre facciones. Corresponde investigarlos. Y corresponde que quienes tienen responsabilidades políticas comprendan que también tienen una responsabilidad institucional: no alimentar la violencia, no justificarla y no celebrarla.
Desde Diario la Verdad de San Nicolás no vamos a señalar culpables sin pruebas. Será la Justicia la que deberá determinar quiénes estuvieron detrás de este hecho. Pero tampoco vamos a permanecer indiferentes.
Pensar no es afirmar. Preguntar no es acusar. Investigar no es perseguir. Y repudiar una amenaza, afirman desde La Corriente San Nicolás, no requiere pertenecer al mismo partido de quien la recibió.
Por eso nuestra solidaridad con Mauro Poletti es, antes que nada, una defensa de aquello que todos deberíamos tener en común: la democracia, la libertad y el derecho a ejercer una función pública sin ser víctima de intimidaciones.
A quienes militan en partidos distintos, a quienes gobiernan y a quienes son oposición, a quienes se preparan para competir electoralmente y a quienes hoy tienen responsabilidades institucionales:
Este es el momento de ponerse de acuerdo en algo. La violencia no puede ser una herramienta política. Y las amenazas no pueden ser parte de la discusión pública. El miedo no puede convertirse en método de construcción de poder. Y ningún dirigente democrático debería guardar silencio cuando amenazan a otro dirigente democrático.
Porque hoy es Mauro Poletti. Mañana puede ser cualquiera.
Cuando se amenaza a uno por ejercer una responsabilidad surgida del voto popular, en definitiva, se está intentando amenazar a todos.
La democracia no tiene partido. Y defenderla tampoco debería tenerlo.