El 24 de marzo no es una fecha para quedar bien. No es un posteo tibio ni una historia con filtro negro. Es una cachetada. Y el que no la siente, o está mirando para otro lado o ya eligió de qué lado pararse. Porque acá no hubo “excesos”. Hubo un plan. Frío. Calculado. Sucio. Un Estado que decidió desaparecer personas como si fueran errores que se podían borrar. Y lo peor no es que haya pasado. Lo peor es que todavía haya quienes lo discuten, lo relativizan o, directamente, lo justifican.
La democracia no es este decorado prolijo que nos quieren vender. Es un campo de tensión constante. Y cuando te dicen que “no hay que mirar para atrás”, lo que en realidad te están pidiendo es que no mires quiénes fueron, quiénes se beneficiaron y quiénes siguen cómodos hoy. Porque no, esto no quedó en el ‘76. Cambian las formas, pero el poder sigue teniendo memoria selectiva. Se acuerda de lo que le conviene y entierra lo que lo incomoda. Y ahí es donde entra el peligro: cuando la memoria colectiva empieza a aflojar, cuando el horror se vuelve debatible, cuando todo parece una opinión más en una mesa de café. No. No es una opinión.
Hay gente que falta. Hay identidades robadas. Hay familias rotas. Hay un país que aprendió a vivir con huecos. Y mientras tanto, aparecen los que piden “dar vuelta la página”. ¿Qué página? ¿La de los que nunca volvieron? ¿La de los que todavía buscan a sus nietos? ¿O la de los que prefieren que nadie haga demasiadas preguntas? El problema no es recordar. El problema es que recordar molesta. Incomoda. Señala. Expone. Y por eso quieren bajarle el volumen. El 24 de marzo no es para estar en paz. Es para estar incómodos. Es para entender que la democracia no está garantizada, que no es automática, que no es eterna. Que si te dormís, te la vacían. Que si te callás, te la escriben otros.
Memoria, verdad y justicia no son palabras lindas. Son un límite. Una advertencia. Una línea que no se negocia. Porque cuando esa línea se corre, ya sabemos lo que viene. Y no fue hace tanto. Y no está tan lejos. Y no es tan imposible que vuelva a pasar. La única diferencia va a ser si esta vez hay alguien dispuesto a mirar de frente… o si volvemos a hacernos los distraídos.
En San Nicolás hubo un acto con muchos y muchas. Si tendrían que haber ido más personas, si, pero hubo muchos y eso empieza a decir algo y San Nicolás, hoy, dijo