Hay personas que pasan por un club. Y hay otras que son parte de la historia del club. Marcelo Acuña pertenece a esa segunda categoría. Porque hay historias deportivas que hablan de goles y campeonatos. Y hay historias que hablan de una vida entera. La del Gato parece ser de esas.
Su historia con el Club 12 de Octubre comenzó cuando todavía era jugador y soñaba, como tantos chicos, con defender los colores de la institución que lo había visto crecer. Con el tiempo, aquella camiseta azul y amarilla lo acompañó por distintos escenarios del fútbol, dentro y fuera de San Nicolás, y también más allá de las fronteras de la Argentina.
Fue futbolista. Conoció otros vestuarios, otras ciudades, otros desafíos y otros países. Vivió triunfos y seguramente también derrotas, porque el fútbol —como la vida— nunca ofrece solamente victorias.
Sin embargo, hubo algo que nunca cambió: el Doce siguió siendo su casa. Y quizás allí esté la verdadera dimensión de esta historia. Porque después de recorrer otros caminos, Acuña no eligió olvidarse de dónde había salido. Volvió. Y volvió para trabajar.
Del Fútbol a la lucha por el club
En los últimos años, mientras muchos hablaban de las dificultades que atravesaba la institución, Marcelo decidió involucrarse. No desde la comodidad de la tribuna, sino desde el trabajo.
Estuvo en la pelea por recuperar la sede, acompañó las remodelaciones del estadio y puso tiempo, esfuerzo y compromiso en el fútbol del club. Porque recuperar un club no se hace solamente con discursos.
Hay que abrir puertas, buscar soluciones, poner el cuerpo, trabajar cuando nadie mira y sostener los proyectos cuando las cosas no salen como se esperaba.
Pero el Gato estuvo allí. Y mientras hacía ese trabajo, continuó ligado al fútbol como director técnico del primer equipo, junto a Claudio “Indio” Figueredo. Así fue construyendo otra etapa de su relación con el “Doce”.
Primero había sido jugador. Ahora era quien debía enseñar, conducir y transmitirles a otros aquello que alguna vez había aprendido con esa misma camiseta.
El Gato y una trayectoria que fue mucho más allá de San Nicolás
La historia futbolística de Marcelo también merece ser contada porque el nuevo presidente del 12 de Octubre no llega a este lugar solamente con la experiencia de haber jugado en su club de origen. Su carrera lo llevó en el arranque en inferiores en 12. Juguó en Boca. Racing. Argentino Oeste. Atlanta. Labarden Liga de maipu. Ferro de olavarria. Atletico Ayacucho. Deportivo Patagones bs As. Costa Brava de pico la Pampa. Belgrano la Pampa. Villa mengelle la Pampa. San Martín la Pampa. Alboy la Pampa. Independiente la Pampa. Huracán la Pampa. Somisa San Nicolás. Regatas San Nicolás. Luz y fuerza la Pampa. Deportivo Roca Río negro.
Fuera de Argentina, jugó en el Vigía fc Venezuela. Estudiantes de Mérida Venezuela. River de Puerto Rico. Racing Fortín de Olavarria, y Liga de América donde terminó su carrera. Toda su trayectoria, sin dudas le permitió conocer otras culturas. Son capítulos de una carrera que merece ser recuperada porque ayudan a entender al hombre que hoy vuelve a ponerse al frente del club.
El fútbol le dio triunfos, le dio experiencias, le dio amigos, y todo junto, le enseñó a convivir con la presión y con la adversidad. Pero, sobre todo, le dejó una enseñanza que ahora puede volcar en su nueva función: ningún partido está perdido mientras haya alguien dispuesto a seguir jugando.
Ayer sábado, la historia cambió de capítlo
Este sábado, el Club 12 de Octubre volvió a poner en marcha su vida institucional después de la intervención de Personería Jurídica.
Los socios se reunieron en Asamblea para elegir a las nuevas autoridades. Se presentó una única lista: la Azul y Amarilla “Ladislao Potyra”. Y los socios presentes la acompañaron. De esa manera, Marcelo Acuña fue elegido presidente de la institución.
El momento tiene algo de simbólico.
Porque aquel chico que alguna vez entró a una cancha con la camiseta del “Doce” ahora tendrá la responsabilidad de conducir la institución.
El jugador se convirtió en técnico. Y el técnico se convirtió en Presidente.
Pero, en el fondo, sigue siendo el mismo hincha que decidió que había cosas por las que valía la pena pelear.
Ahora viene el partido más importante: La normalización institucional abre una nueva etapa. Y también abre la posibilidad de avanzar con los proyectos que Acuña tiene para su querido “Doce”.
Hay mucho por hacer, prometió obras y sabe que habrá que seguir trabajando en la infraestructura, fortalecer el fútbol, recuperar espacios, sumar socios y generar las condiciones para que las nuevas generaciones puedan vivir en el club las mismas experiencias que alguna vez vivió Marcelo.
Pero quizás su mayor capital no sea un proyecto determinado. Sea su propia historia. Porque conoce el club desde adentro. Sabe lo que significa ser jugador. Sabe lo que significa ponerse al frente de un equipo. Sabe lo que significa pelear por una institución cuando las cosas no son fáciles. Y ahora deberá aprender también lo que significa conducirla.
Una camiseta, una vida, un club
Hay algo que el dinero, los títulos o los años de carrera no pueden comprar: el sentido de pertenencia.
Marcelo Acuña puede contar que jugó en otros lugares, que conoció otros países y que alcanzó triunfos lejos de San Nicolás. Pero hay una camiseta que tiene otro significado. La azul y amarilla. La del 12 de Octubre. La que lo vio crecer. La que defendió como jugador. La que ahora enseña a defender desde el banco. Y la que, desde este sábado, tendrá la responsabilidad de conducir como presidente.
Por eso esta no es simplemente la noticia de una nueva comisión directiva. Es la historia de un hombre que volvió a su casa y decidió hacerse cargo de ella. Después de haber recorrido canchas, ciudades y países. Después de haber ganado y perdido. Después de haber conocido el fútbol desde adentro. Después de haber peleado por recuperar el club.
Marcelo Acuña tiene ahora por delante el desafío más grande de todos: "hacer crecer el lugar que alguna vez lo hizo crecer a él. El “Doce” recuperó su institucionalidad. Y puso su futuro en manos de uno de los suyos.
Que esta nueva etapa esté a la altura de toda una vida de fútbol, de luchas y de triunfos. Y que los colores azul y amarillo sigan encontrando en vos,. querido Gato, a alguien dispuesto, una vez más, a defenderlos, a luchar con las armas del corazón que nunca dejó a pata a nadie.
Te queremos Gato, se te quiere Gato.