Camino real: Una travesía histórica por pueblos y paisajes bonaerenses
10:55 |La provincia de Buenos Aires es rica en historia y turismo rural, conoce las huellas del virreinato en Luján, San Nicolás, San Antonio de Areco y San Pedro.
El ser bonaerense, una realidad de la historia de la provincia
Hay rutas que no se miden en kilómetros sino en relatos. El Camino Real, ese entramado de huellas que alguna vez sostuvo la vida cotidiana del Virreinato, sigue latiendo en la provincia de Buenos Aires como un viaje al pasado. Una invitación a leer el territorio, a descubrir pueblos que crecieron al borde de la historia y a escuchar lo que el paisaje todavía susurra a quien se anima a recorrerlo sin prisa.
Desde tiempos coloniales, el Camino Real fue la columna vertebral que conectó Buenos Aires con el interior profundo y el Alto Perú. Por allí circularon correos, comerciantes, tropas y viajeros anónimos que dieron forma a una red viva de postas, capillas, pulperías y estancias. Muchos de esos trazos sobreviven en caminos rurales, cascos históricos y pueblos que conservan una identidad marcada por el paso lento y la memoria compartida.
“No está muy en claro la antigüedad del trazado porque aparentemente es un camino abierto por pueblos indígenas que después, durante la etapa colonial se fue utilizando para el traslado principalmente de Potosí a Buenos Aires y además como vía de acceso y comunicación”, relató el historiador de Luján, Federico Suárez.
Luján
Una arteria de integración y libertad
El Camino Real al Alto Perú, oficializado en 1663, fue la columna vertebral del intercambio económico, cultural y político entre el puerto del Río de la Plata y el puerto de Lima.
Para integrar postas clave como Cañada de Rocha y San Nicolás de los Arroyos —crucial para el transporte fluvial hacia el Litoral—, el camino en la provincia de Buenos Aires conectaba la Ciudad de Buenos Aires con Luján, seguía hacia San Antonio de Areco, y continuaba por rutas secundarias hacia el norte. Este trazado no solo facilitó el comercio de cueros, plata y sal, sino que también fue testigo de hitos fundacionales como la devoción a la Virgen de Luján en 1671 y el paso de los máximos próceres de la patria.
“Es el camino de la independencia, todos los que fueron a pelear al ejército del norte o al Alto Perú transitaron este camino”, agregó Suárez.
El mapa del recorrido bonaerense
Recorrer el Camino Real bonaerense es adentrarse en partidos como Luján, San Andrés de Giles, San Antonio de Areco, Baradero, San Pedro, Arrecifes, Pergamino, Ramallo y San Nicolás, donde el pasado no está encerrado en vitrinas, sino plenamente integrado a la vida cotidiana.
Acerca de la ruta exacta en la provincia, Suárez detalló, “en la Provincia de Buenos Aires el recorrido exacto del Camino Real es bastante confuso. Saliendo de Capital Federal podemos señalar a la Avenida Rivadavia como la senda más aproximada, para luego rumbear al oeste por su continuación —la llamada Antigua Ruta Nacional Nº7— que atraviesa el conurbano bonaerense junto al Ferrocarril Sarmiento hasta llegar a Luján. De ahí, hacia el norte y a través de caminos rurales paralelos a las Rutas Nacionales 8 y 9, se alcanza San Antonio de Areco y luego, por el trazado de la llamada Vieja Ruta 9, se continúa hacia Córdoba y Santiago del Estero”.
Pueblos, pulperías y horizonte abierto
El encanto del Camino Real también se esconde en sus desvíos. Pequeños pueblos que no siempre figuran en las guías turísticas tradicionales ofrecen plazas tranquilas, almacenes de ramos generales reconvertidos en pintorescos bares de campo y fiestas populares que mantienen vivas las tradiciones criollas.
Pulpería de San Antonio de Areco
La experiencia se completa con el paisaje típico de la pampa bonaerense: campos abiertos, arboledas centenarias y cursos de agua acompañan el recorrido, recordando que este camino creció cuando el territorio se medía a caballo y el horizonte marcaba el ritmo de la marcha.
En tiempos donde la velocidad parece imponerse, el Camino Real en la provincia de Buenos Aires se ofrece como una travesía distinta: un viaje con identidad profunda, hecho de huellas, silencios y relatos que aún esperan ser contados.