jueves 18 de julio de 2024 - Edición Nº2052

Política | 7 jul 2024

Les dejo mi otro yo

“Puede ocurrir, y en cualquier parte(..). Pocos son los países que pueden garantizar su inmunidad a una futura marea de violencia, engendrada por la intolerancia, por la libido de poder, por razones económicas, por el fanatismo religioso o político, por los conflictos raciales. Es necesario, por consiguiente, afinar nuestros sentidos, desconfiar de los profetas, de los encantadores, de quienes dicen y escriben «grandes palabras» que no se apoyen en buenas razones.” Primo Levi


Por Belén Mozzicafredo

Si con uno solo no bastaba, esta semana al fin se concretó lo que todos en su círculo rojo esperaban, que se creara un ministerio para su otro yo. Después de llenarse la boca con la palabra “afuera”, el viernes formalizo el “adentro” y asumió el Terminator verdadero en la saga libertaria.

Si tuviera que pensar en alguien que vino del futuro apocalíptico, sin duda pienso en el Federico ADOLFO Sturzenegger del 2001, o en el del 2018. A veces el futuro no es más que el pasado repitiéndose en un eterno retorno cuando estos monstruos de verdad quedan impunes, libre y coleando.

Leyendo las funciones del nuevo Ministerio para la solución final del problema de la Argentina, veo que no se privaron de ningún objetivo. Lo pueden leer en cualquier massmedia: 27 puntos uno peor que el otro, incluso peor que sus pruebas pilotos de temporada 1: DNU 70/2023, temporada 2: Ley Ómnibus, y su último estreno, temporada 3: La ley Bases. A algún director de cine que le guste la novela de no ficción debería pensar en hacer algo con tanto material, no sé si se gana algún premio, lo podemos nominar si quiere, pero por lo menos quedaría registrado, así como quedo registrada la vida de Madoff, o la de Belfort, o la de Epstein.

Del futuro seguro que viene, porque dicen que es como el acelerador de particular, una autopista circular de 100Km donde puedan colisionar dos núcleos atómicos y producir energía oscura, crear un inmenso agujero negro o algo aún peor, lo que los físicos llaman ´vacío´, que es en realidad mucho más que la nada. Un vacío frágil e inestable.

¡Se ríen lectores! no, no me ataco ningún delirio cósmico ni místico. Esto que cualquier físico nuclear les podrá explicar mucho mejor que yo y sucede en el universo desde el primer big bang, es lo que se prendió el viernes pasado en nuestro país, políticamente hablando. Una gran corrida de átomos, que por casa rosada siempre son verdes, entre dos ministros de economía que sucumbirán bajo el mandato de un tercero. Si no fuera blasfemia diría que es El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo. Bueno, lo dije. Perdónalos, no saben lo que hacen.

Nos decían que Argentina era un laboratorio desde hace más de 50 años, acá se han implementado y probado todas las teorías y prácticas que los poderes mundiales inventan cada tanto para perdurarse. Ahora probaran el colisionador de hadrones. Y no tiene nada de ciencia ficción, ni de tecnología I.A., no ponen ni un hierro, ni un centímetro de hormigón armado, esto es la más cruda de las realidades literaria, sin decorado y sin notas de página. Nos inyectan odio, nos extraen sangre, nos hacinan, nos hambrean, nos explotan, nos roban los recursos y las reservas y anotan en sus libritos ganancias siderales.

Para conocer a este “otro yo” que nos presentan como novedoso, aunque es más viejo que Matusalén en la corta historia económica argentina, no más tomemos uno de sus libros, uno viejo, del 2003, porque tiene varios, para ver desde cuando estamos incubando este huevo sin saber: “LA ECONOMÍA DE LOS ARGENTINOS: REGLAS DE JUEGO PARA UNA SOCIEDAD PRÓSPERA Y JUSTA”. En este libro el autor ya hace mención a los términos “capital humano”, 20 años tienen sus esperpentos. Plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro, ser presidente de YPF, hacer un megacanje, ser diputado, ministro, presidente del Banco Central, endeudar el país, secar el árbol, exiliar el hijo, borrar el libro, fundir un pueblo, ser ministro de nuevo.

En lo local poco por destacar. Todos los emblemas históricos construidos en las gestiones municipales anteriores van siendo derrumbados uno por uno, para borrar cualquier rastro de otros que alguna vez pensaron en la ciudad, el C.E.M.A.C. de Díaz Bancalari, la terminal de Ómnibus de Di Rocco, el C.I.C. de Carignani. Lo raro es que una S.A. pueda decidir destruir un bien del estado, o patrimonio público sin ninguna autorización y transformarlo en un espacio verde, hasta que encuentren a quien vendérselo, claro. Tampoco me quiero olvidar de cómo se borra de a poco a don Rafael de Aguiar, primero del Parque, después del Teatro, y esta semana pase caminando y me pareció que el busto de don Rafael se fue del balcón al rio de calle Nación y Colon. A lo mejor fue solo a dar un paseo, quizás la semana que viene vuelva y me salude. Borrar todo rastro del pasado es típico de quienes quieren construir su vanagloria. Milan Kundera lo diría con más precisión:

“Para liquidar a los pueblos, se empieza por privarlos de la memoria. Destruyen tus libros, tu cultura, tu historia. Y alguien más escribe otros libros, con otra cultura, inventa otra historia; después de eso, la gente comienza a olvidar lentamente lo que son y lo que fueron. Y el mundo que te rodea se olvida aún más rápido de quién eres tú”.

Nos han borrado nuestra identidad, nos han transformado en Tigre, San Isidro, o cualquier calle del microcentro porteño, a veces no sé si estoy caminando por De la Nación de San Nicolás o por calle Arroyo de Buenos Aires. Tengo a penas cincuenta años y a cada cuadra me detengo a mirar lo que había y ya no está, me duele a veces porque parte de mi historia se va con esos recuerdos que ya no tienen referencias, como cuando iba a Garibaldi y Almafuerte a esperar a mi abuela que llegaba de visita con el “TIRSA” y luego ya no llego más a ese lugar, ni a ningún otro, y allí estuvo SUPERCOOP, y luego estuvo el CEMAC y ahora no hay nada, solo tierra arrasada. Nada, y para mí esas faltas me entristecen como la perdida de mi abuela.

Ya no tengo esas huellas sobre las que hablaba Walter Benjamin, me voy sintiendo ajena, extraña, extranjera en mi propia tierra, y no es que sea anticuada ni me de nostalgia, es que hay cosas que no se pueden cambiar como cambiamos los celulares, y me quedo inmóvil esperando que las baldosas blancas del nuevo casco céntrico nicoleño se vayan oscureciendo.

Paso cada dia por la esquina del Palacio Municipal y le faltan ventanales y vidrios, me pregunto qué está pasando, quiero creer que los están reparando, me niego a seguir perdiendo nuestra historia, nuestras huellas, porque entonces sí, no habrá vuelta atrás, no sabremos por donde volver a encontrarnos. O quizás solo me tenga que resignar a la ubicuidad de mi memoria

La semana que viene yo también les dejo en mi lugar a otro yo, para que nos conozcan a todas y a todos los que queremos un mejor San Nicolás, no me extrañen que son dos días en la vida nada más.

 

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