jueves 18 de julio de 2024 - Edición Nº2052

Política | 1 jul 2024

La Trampa del hambre y el mercado

Perpetuar el hambre. El gobierno es una muestra de ésta cruel realidad

Los mercados suelen fortalecer la trampa del hambre y la pobreza En la presente serie de informes sobre el hambre en el mundo se analizan las relaciones complejas entre los mercados y el hambre. Los mercados pueden convertirse en un medio para impulsar el desarrollo y hacer retroceder el hambre, aunque también pueden perpetuarla.


La serie de informes sobre el hambre en el mundo pone de relieve las ventajas y los inconvenientes de las medidas de lucha contra el hambre centradas específicamente en los mercados
Para usar los mercados como un instrumento que permita romper la trampa del hambre y la pobreza, los gobiernos, los grupos internacionales y los actores del sector privado deben colaborar en la aplicación de 10 medidas prioritarias basadas en los mercados, con el objetivo de:
• tomar en consideración las dinámicas de los mercados en la realización de iniciativas racionales de reducción del hambre;
• respaldar los mercados con inversiones en instituciones e infraestructura;
• ampliar y mejorar el acceso a los mercados complementarios, como los financieros;
• usar el poder de los mercados para transformar la dependencia respecto de ellos en nuevas oportunidades;
• reducir los riesgos y los factores de vulnerabilidad relacionados con los mercados, y proteger los mercados en situaciones de emergencia;
• invertir en protección social;
• invertir más en la esfera de la nutrición y, de forma diferente, en la agricultura;
• asegurar que el comercio apoye la seguridad alimentaria;
• implicar a los actores nacionales e internacionales en la lucha
contra el hambre, y
• generar conocimientos y aprovecharlos al máximo

El aumento de los precios de los alimentos:
un fallo del mercado que amenaza la seguridad alimentaria y nutricional Desde 2001, y muy especialmente desde 2005, el mundo se enfrenta con el problema del aumento de los precios de los alimentos. La mayoría de las personas afectadas por la pobreza gastan en alimentos una gran parte de sus escasos ingresos.
La mínima fluctuación de los ingresos o los precios puede empeorar su estado nutricional. Para llenarse el estómago, las poblaciones más vulnerables recurren a alimentos más baratos pero también menos nutritivos. Sin nutrientes, las personas son más proclives a sufrir enfermedades y son menos aptas para el aprendizaje y menos productivas. Unos pocos meses de nutrición deficiente pueden acarrear consecuencias a largo plazo no sólo a nivel individual sino también para las perspectivas de crecimiento de un país. En todo el mundo en
desarrollo, el alza de precios de los alimentos ha socavado la capacidad de supervivencia tanto de los hogares como de los países. Además, la crisis financiera mundial ha provocado una ralentización del crecimiento económico, un aumento del desempleo, la disminución de los ingresos de las exportaciones, la contracción del capital extranjero y las remesas del extranjero, la depreciación de los tipos de cambio, y una mayor presión sobre los presupuestos, con la consiguiente reducción del gasto en protección social. La mayoría de los pronósticos apuntan a que los precios de los alimentos permanecerán inestables y más altos que en 2005, debido a una serie de factores estructurales, entre ellos la escasez de reservas, el exiguo aumento de la productividad, el cambio climático y la demanda de biocombustibles. 

Es muy difícil acceder a los mercados para las personas afectadas por el hambre y la pobreza
Las poblaciones pobres que padecen hambre no pueden acceder a los mercados debido a que éstos se encuentran demasiado lejos, son demasiado costosos, es demasiado complicado penetrar en ellos, plantean riesgos demasiado elevados o bien no están presentes en absoluto y no sonequitativos por falta de información y de poder comercial. Los mercados no responden a las necesidades, sino a la demanda. Las personas pobres se ven limitadas por sus escasos ingresos y por la modicidad de los bienes que pueden comprar o vender.
El hecho de poseer bienes es un factor fundamental para la participación en los mercados y facilita igualmente el acceso de los hogares al crédito. Quienes sufren hambre y pobreza no disponen de bienes suficientes para poder aprovechar las ventajas que ofrecen los mercados. La “revolución de los supermercados” contribuye a aumentar las dificultades que tienen los pequeños agricultores para sacar provecho de los mercados, a causa de las estrictas normas de calidad y cantidad exigidas. Sin embargo, algunas innovaciones como la agricultura contractual y la Iniciativa “Compras en aras del progreso”, emprendida por el PMA, pueden mejorar la situación, así como los teléfonos móviles, que permiten acceder a la información y los servicios financieros.

“Abandonados a sus propios mecanismos, los mercados pueden producir resultados desastrosos. A causa de las tensiones especulativas, es posible que los precios de los alimentos se disparen sin control. La disparidad en la distribución de ingresos se acentúa rápidamente a medida que se valorizan los ya escasos capitales y competencias mientras que la abundante mano de obra disponible se encuentra subempleada. La pobreza y el hambre representan uno de los efectos más frecuente, incluso cuando se producen cosechas récord y
excedentes de alimentos. Los mercados son indiferentes frente a estos fenómenos y, de hecho, parecen hasta fomentarlos.
Sin lugar a dudas, los gobiernos pueden hacer algo más. Los resultados que han obtenido en esta esfera no son en absoluto satisfactorios. La historia ofrece una serie de ejemplos del tipo de daños y perjuicios que los gobiernos son capaces de infligir a sus propios ciudadanos. El modelo socialista de organización económica, por muy buenos propósitos que persiga, sencillamente no funciona. Esto explica la búsqueda pragmática de una vía intermedia que permita a los gobiernos, sobre la base de una información adecuada, supervisar cuidadosamente los mercados y dirigirlos hacia una economía de mercado que sea capaz de generar un crecimiento económico favorable a las poblaciones pobres. El objetivo es permitir que estas personas tengan acceso a empleos productivos y a unos alimentos cuyos precios sean estables y asequibles.
El concepto de la “vía intermedia” es la idea que inspira la publicación de 2009, “El hambre y los mercados”, de la Serie de informes sobre el hambre en el mundo del PMA. Tal vez los especialistas puedan cuestionar algunos aspectos secundarios de ciertas recomendaciones concretas o juicios de valor, pero la obra plantea una tesis poderosa y convincente: se puede conseguir que el funcionamiento de los mercados favorezca a los pobres. Los gobiernos tienen que invertir adecuadamente en infraestructura rural, políticas alimentarias eficaces e intervenciones nutricionales. Cuando esto suceda, se podrá evitar caer en los dos extremos, que sin duda alguna pueden tener consecuencias catastróficas para las poblaciones pobres”.
C. Peter Timmer, Colaborador Externo del Centro para el Desarrollo Global, Washington D.C.

Las cifras del hambre
• El índice de la FAO para los precios de los cereales alcanzó su nivel máximo en 2008: un aumento del 322% con respecto a 2000. En diciembre de 2008, seguía mostrando niveles que duplicaban los registrados en el año 2000.
• 115 millones de personas más cayeron en la trampa del hambre durante 2007 y 2008 como consecuencia del aumento de los precios de los alimentos, lo que sitúa en 1.000 millones el total de personas afectadas en todo el mundo.
• 2.200 millones de personas padecían hambre oculta o carencias de micronutrientes, incluso antes de la crisis.
• En los hogares pobres, entre el 50% y el 80% de los gastos totales se efectúan para comprar alimentos.
• En los países en desarrollo, incluso las clases medias (con ingresos de entre 6 y 10 dólares EE.UU. al día) gastan en alimentos entre el 35% y el 65% de sus ingresos totales.
• Durante el período 2006–2008, unos 300 millones de mujeres embarazadas y niños menores de 2 años (entre los grupos más vulnerables) de 61 países se encontraban en situación de riesgo como consecuencia del alza de los precios de los productos alimenticios.
• Sólo unos pocos meses de nutrición insuficiente pueden acarrear consecuencias para toda la vida.
• En algunos países, el costo del hambre representa hasta el 11% del PIB.
• Más de 400 millones de personas tardan al menos cinco horas en llegar a un pueblo de 5.000 habitantes o más.
• En general, menos del 30% de los agricultores que producen alimentos son vendedores netos.
• Los supermercados siguen incrementando su hegemonía en el comercio minorista de productos alimenticios.
En la actualidad, en muchos países de Asia oriental y América Latina, representan más del 50% del total de las
ventas de alimentos al por menor.
• Más del 90% de las importaciones mundiales de cereales proceden de 10 exportadores solamente, lo que aumenta la vulnerabilidad de los países importadores

 

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