miércoles 12 de mayo de 2021 - Edición Nº889

Generales | 9 abr 2021

La puesta en desvalor

¿Que esconde matar la historia?

Tiraron abajo un monolito de 250 años y una placa de la Sociedad francesa y van por más


¿Qué se esconde detrás de las ruinas? La pérdida de un hijo, el derrumbe de un edificio, la violencia desmedida, el miedo irracional a los otros o un pueblo arrasado por el poder.  Debemos hacer un ejercicio de memoria colectiva que se pregunte por el instante en donde las certezas se derrumban, pero también sobre la posibilidad de seguir construyendo encima de esa destrucción.

Quizás a pocos les importe el monolito de los 250 años que estaba en el centro de la Plaza con la vil excusa y la muletilla de la puesta en valor.  Tampoco tuvo sentido ya para los miserables la Placa de los franceses, aquella que emplazó la Sociedad Francesa en 1989 por el Bicentenario de la Revolución Francesas y de los que entregaron su vida por los Derechos Fundamentales del Hombre.

Roban y desmantelan la memoria y la historia;  y los cuidadores de la historia y del patrimonio histórico hacen un estricto silencio, porque su saber  les impide escribir la historia de su tiempo. Y ni siquiera reinscriben el pasado, son meros contadores de hechos por lo que nunca darán cuenta y mucho menos defender el presente o el mismo instante en que se termina la historia.  

Un intendente que se vale de una ciudad como de una comarca repleta de egocentrismos banales para los que no hay segundas oportunidades, termina la vida de la historia; este ejecutivo sin nombre voló en un instante los emblemas que no hablan de ellos y van por más. 

Cuando una ciudad y su historia es reducida a escombros, habla de ellos igual que de los habladores, los defensores de tirar abajo la memoria y los que hacen silencios conjugando fundaciones y justificaciones para saciar egos pero para nunca construir defensas altivas, sólo palabras vacías igual que quedó el centro de la plaza de todos. 

El hombre que se lleva consigo tilos, empedrados, construye dispensarios arrebatando tierras ajenas, y rellena un humedal con escombros, es capaz de dejarnos entre soledadades y miedos, que acaso el amor pueda alguna vez saldar

La sociedad narrará una historia alli, donde no queda nada, ni el respeto.

Podrán destruir la historia de la que somos todos víctimas, pero no podrán destruir la memoria; la misma que los recordará como basura tirada al río, sin darles el lugar de colonizar con cemento el recuerdo y la vida misma de un pueblo que sólo atesora el vacío, el que limpiaron como se limpia una alacena. 

La memoria como los empedrados se esconden en el cemento y quizás un día a los señores del poder los entierre el asfalto más temerario, el que esconde, el que aplasta, el que entierra, para no tener que mirarlos nunca mas a la cara y serán lo que son, depredadores del amor y asfaltadores de la nada. Así nos van dejando sin nada.

Será el turno y la tarea de renacer de los escombros que gritan

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