martes 31 de marzo de 2026 - Edición Nº2673

Opinión | 31 mar 2026

La dominación

El castigo del yo productivo

11:29 |Autoexplotación. ¿El nuevo dominador? Ser tu propio jefe, ¿una nueva forma de esclavización?


Por: Fabricio Ércoli

Alguien nuevo te domina, y ese alguien sos vos

Cuando ponemos un ojo en los momentos cruciales de mayor esfuerzo productivo en la historia de la humanidad, la dinámica laboral no se distanciaba drásticamente de lo que se consideraba un día típico de la era industrial. En aquel entonces, las ocho horas de jornada eran a menudo un mínimo legal, y las doce horas una opción habitual, impuestas y monitoreadas por una figura de autoridad tangible: un jefe, capataz o superior cuya presencia física o jerárquica obligaba a los empleados a cumplir con el horario y la productividad estipulados. La obediencia se basaba en la coerción externa y la estructura de mando, donde no podías elegir si ser más o menos eficiente porque no dependía de vos.

Hoy, sin embargo, esa figura de autoridad externa, ese jefe, superior o capataz, se transformó completamente. Esta metamorfosis surge de un profundo cambio social: la sociedad, harta de ser controlada y deseante de autonomía, busca activamente ser la que controla su propio destino y tiempo. Y es precisamente en esta intensa necesidad de libertad, de autodeterminación y de rechazo a la supervisión tradicional, donde surgió un inconveniente inesperado, una paradoja moderna: un conflicto que, aunque nace de la aspiración humana de superación y de ser mejores, se transformó en una trampa social.

En este nuevo paradigma, la presión no proviene de una amenaza de despido o una reprimenda formal. Si un individuo opta por no usar su tiempo de manera "productiva" o se permite un descanso prolongado, ya no se encuentra un superior recriminando su falta. En su lugar, el castigo se manifiesta de una forma mucho más íntima y punzante: el propio entorno social, alimentado por mensajes de éxito constante en redes, te condena con una triste sensación de rezago, de "quedarse atrás". Y ahí vemos la verdad de esta nueva dominación: no hay supervisor más severo para uno que uno mismo.

Esa sensación de que "alguien" te da órdenes desde dentro, esa voz interior crítica e incansable, es la que nos impulsa a llenar cada minuto de nuestro día con actividades, tareas y metas, incluso en contra de nuestro propio bienestar. El concepto de “descanso reparador” se devaluó, transformándose en una culpable sensación de tiempo perdido, de ocio improductivo. Se instala una competencia constante no contra un colega de oficina, sino contra la idea abstracta de que "el mundo avanza al doble de rápido" mientras uno se queda quieto o se permite una pausa.

Este concepto, paradójicamente, es en cierta parte un resultado inesperado de la educación moderna centrada en el emprendedurismo  la autosuficiencia. Aquel ideal de un mundo moderno donde se nos preparaba y motivaba a ser dueños de nuestro propio destino y a emprender nuestros proyectos se ha distorsionado, convirtiéndose de facto en una forma sofisticada de autoexplotación. Ya no somos obreros explotados por un patrón, sino emprendedores de nuestra propia vida que, sin un límite claro o una jornada de ocho horas definida, nos convertimos en los capataces más exigentes, esclavizados por la ilusión de libertad y la tiranía de la productividad infinita. La autoexigencia se ha convertido en la nueva cadena, y el yo productivo, en el nuevo dominador, donde nos gobierna la autoexplotación.

 

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