jueves 19 de marzo de 2026 - Edición Nº2661

Política | 10 jun 2025

La mafia verde: el lado oscuro del “progresismo sustentable” en San Nicolás

San Nicolás es, según el relato oficial, una ciudad verde, moderna, inclusiva, amigable con el ambiente. Una ciudad donde florecen los árboles, las plazas y los festivales populares como margaritas en primavera. Pero detrás de cada maceta con lavanda y de cada guirnalda LED colocada con “amor a la naturaleza”, lo que florece en realidad es un negocio turbio, aceitado y manejado con precisión mafiosa por el clan más poderoso del lugar: los Passaglia.


Sí, la mafia verde. Escondidos bajo la coartada de ser dirigentes jóvenes, progresistas y ecologistas, los integrantes de esta familia transformaron cada acto de gobierno en una unidad de negocios. Con la excusa de la sustentabilidad, te venden un parque, te facturan la sombra del árbol y te cobran por cada planta con una sobreprecio digno del mejor guión de “El Padrino”.

Porque no hablamos de militancia ambiental, hablamos de guita. Hablamos de testaferros, de concursos dirigidos, de facturaciones truchas. De viveristas locales consultados surge que cada plantita colocada tiene un costo inflado —una por una, señores—. El precio por unidad y por mantenimiento mensual haría sonrojar al propio Lázaro Báez.

¿Alguien controla? ¿Alguien pregunta cuánto cuesta mantener un cantero? ¿Quién decide la cantidad de árboles? ¿Quién determina la altura y los metros cuadrados que se pueden construir, o cómo se asigna el “paisajismo” urbano? ¿Nadie se pregunta por qué primero se gastaron millones para transformar el centro en un páramo gris y despoblado, para luego volver a romper todo con más reformas, más flores, más “miradores al río”, más de lo mismo? ¿Cuántas veces lo van a modificar? Van seis o siete, y cada una con su correspondiente factura.

Y esto se repite como un loop corrupto en cada rubro: pavimento, veredas, luminarias LED, arbolado urbano. Lo que tocan, lo transforman en negocio. No importa si es cemento o césped. No importa si es una rampa de acceso o una pérgola con luces navideñas. Lo único que importa es la plata. Y la manejan ellos. Siempre ellos.

El ciudadano común se deslumbra con las luces, con los festivales, con las selfies en los miradores. No sospecha que detrás de cada acto "para el pueblo" hay una ingeniería de facturación que termina siempre en los mismos bolsillos. Pero basta de mirar para otro lado. Porque mientras te hablan de oxígeno, biodiversidad y conciencia ecológica, lo que respiras en realidad es corrupción reciclada. Y de eso no se salva ni el pasto.

Bienvenidos a San Nicolás. La ciudad sustentable. Sustentable para ellos. Para vos, la cuenta.

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