sábado 17 de abril de 2021 - Edición Nº864

Salud | 1 abr 2021

La música cura

¿Qué es la musicoterapia?

Un campo de la salud


Quienes trabajamos en el oficio de la musicoterapia nos hemos encontrado con esta pregunta en innumerables ocasiones. Intentaré aquí mencionar algunas posibles reflexiones a partir del interrogante que más hemos escuchado en nuestra vida laboral.

La primera aclaración a realizar es que no es fácil atrapar el hacer de una disciplina del campo de la salud en una única definición. Y esto es por innumerables razones. Una de ellas radica en que no hay “una” musicoterapia. Como en todo campo de saber, se hacen presentes distintas posturas y diferentes ideas. De todos modos, existen algunos aspectos comunes a las diversas líneas de pensamiento. Uno de ellos es que la música no cura. No existe una música que por el sólo hecho de oírla alivie tal o cual padecimiento. No existen recetarios de músicas como pastillas. Una segunda cuestión común es que la musicoterapia trabaja a partir de la expresión y la producción de sonidos y movimientos (lo corporal es parte de lo musical) de quien participa del espacio musicoterapéutico.

Las diversas líneas de pensamiento le dan riqueza y diversidad a la disciplina. Por eso las afirmaciones que siguen dan cuenta de un posicionamiento más que de una totalidad excluyente.

La Musicoterapia pretende abordar la salud desde el arte. Hacer música nos permite experimentar formas de expresarnos y de relacionarnos con los/as otros/as, y esa experimentación permite trabajar sobre los modos que tenemos de ubicarnos en la vida. Quizá a partir de allí podamos construir alternativas que nos permitan atravesar situaciones de padecimiento y acercarnos a la creatividad que moviliza nuestros deseos e intereses.

Los campos en los que los/as musicoterapeutas nos desempeñamos son diversos. Se trabaja con diferentes poblaciones: niños/as, adolescentes, jóvenes, adultos/as y adultos/as mayores, y pueden abordarse distintas situaciones en tanto requieran el trabajo con los modos que se tengan de expresarse y relacionarse con otros/as. Sin intentar dar un listado completo, encontramos musicoterapeutas trabajando en centros de salud, escuelas, centros educativos terapéuticos y centros de día, equipos interdisciplinarios que abordan problemáticas de aprendizaje, hospitales y clínicas, dispositivos vinculados a políticas sociales, etc.

La Musicoterapia requiere, dentro de la formación universitaria, de un trabajo con los propios modos de hacer música. Por eso, está basada en la experimentación y en la reflexión teórica a partir de dicha investigación. ¿Hace falta saber música, entonces, para ingresar a la formación universitaria en musicoterapia? No necesariamente. Pueden aprenderse y construirse en el cursado los saberes y haceres musicales necesarios. ¿Y si ya tengo una formación musical? Bienvenida sea, como toda experiencia en nuestras vidas que nos permita acompañar y cuidar a otro/a.

Tanto en la clínica como en la formación se trata de un hacer artesanal, que intenta leer las singularidades de cada situación e intervenir creando en cada momento los modos acordes a dicha situación. Por esta razón, si bien se aprenden metodologías de trabajo, desde improvisación libre hasta cómo acompañar cualquier hacer musical (una canción, por ejemplo), no se trata de incorporar técnicas rígidas, sino de aprender continuamente cómo acompañar a un/a otro/a desde lo sonoro-corporal. Creo que este modo de entender la práctica es el que permitió a muchos musicoterapeutas reconvertir sus estrategias para sostener los procesos clínicos durante el aislamiento generado por la actual pandemia.

Nuestra disciplina también necesita ser interpelada por su tiempo y por su contexto. Por eso, la mejor musicoterapia todavía está por escribirse.

 

*Director de la Licenciatura en Musicoterapia – Universidad Abierta Interamericana

 

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