Licenciada en Sociología por la UBA, Directora de Diario La Verdad.

2 enero 2019 9:32 am Nota de Opinión
Por Nora Toia

San Nicolás para privilegiados. Privilegios que pueden alcanzarnos o abandonarnos como quien abandona un zapato viejo.

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Nuestra ciudad es una ciudad para privilegiados. Esos privilegios tienen que ver más que con una posición socio-económica, con una posición geográfica de morada.
Esto quiere decir que depende del lugar donde se vive o mora, estos privilegios pueden alcanzarnos o abandonarnos como quien abandona un zapato viejo.

Los privilegios tienen que ver con alcanzar derechos elementales como son la salud y la educación o simplemente la comodidad de poder realizar trámites de cualquier tipo cerca de nuestro domicilio.

Como sabemos, fuera del casco céntrico, las 81 manzanas conformadas por los bulevares, no tenemos bancos salvo el Provincia de la avenida Savio y el cajero del Lagostena en avenida Perón. Tampoco encontramos la posibilidad de ningún tipo de trámite municipal ni judicial ni ministerial.

Solo llegando al centro atestado de autos y con un estacionamiento cada vez más esquivo podemos sentirnos parte del mundillo nicoleño.

Si no se tiene auto la cosa cambia drásticamente, solo tenemos una empresa monopólica de transportes para llegar, siempre y cuando paguemos uno de los más caros boletos de toda la Argentina.

Es como si fuese una trampa perfectamente diseñada para beneficiar a unos pocos y perjudicar a la enorme mayoría.

Si acaso queremos acceder en moto, un medio de locomoción bastante barato, las trampas están preparadas también. Una muralla virtual de comunales perfectamente distribuidos como para que ningún “extranjero” de barrio ose penetrar en el “sacro centro nicoleño”, contiene a todo aquel que se atreva a mostrar sus raíces de barrio, pues es bien claro el tipo de vehículos que los “pitufos” paran en sus controles, esto sin mencionar el tipo de vestimenta, porque aunque parezca exagerado, los funcionarios de la fuerza pareciese que estuvieran entrenados para detectar solamente a los que usan viseras o manejan vehículos no muy nuevos.

Se suma a esta feroz política de exclusión el hecho de haber cerrado casi veinte dispensarios de salud barriales, lo que obliga a madres, ancianos y discapacitados, etc. a tributar a los Vercelli, como quien tributa a un señor feudal.

Pero tranquilos, no de todo se nos priva a los barrios, las inundaciones y la gran contaminación industrial siguen siendo nuestro mayor patrimonio junto a la creciente ola de inseguridad.

Gracias Javier Aragón, un compañero.

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Comentarios
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Mostrando 1 comentario
  1. Anónimo dice:

    Si hablamos de contaminación, en barrio Química tenemos a Atanor y ex Bonelli y nadie controla la polución y los efluentes al rio

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