Licenciada en Sociología por la UBA, Directora de Diario La Verdad.

31 octubre 2018 10:39 am Nota de Opinión
Por Nora Toia

Trabajadora penitenciaria en estado terminal y un Ministerio que deja mucho que desear

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Carta a lectores

Hoy he tomado la decisión de contar lo que me está sucediendo con mi hija Claudia, que es empleada del Servicio Penitenciario Bonaerense prestando servicio en la Unidad Penal de nuestra Ciudad.

En el año 2009 mi hija sufrió un accidente haciendo el trabajo de requisa en una de las celdas del Anexo Femenino. Al bajar de una de las ventanas que se encuentran en la parte superior de las celdas, se golpea un seno y comienza allí un largo peregrinar.

Para resumir: Luego de 9 operaciones, su estado no solo no mejoró, sino que su estado de salud empeoró a tal punto que desde Febrero del corriente se encuentra postrada en una cama. Quizá a raíz del accidente, o vaya a saber motivo de alguna coincidencia, las vértebras estallaron y se detecta una enfermedad Terminal.

Pese a los contratiempos, y a querer cumplir con el trabajo, mi hija trató de ir a trabajar. Más de una vez, luego de las sesiones de quimioterapia, no solo por su predisposición para con el trabajo, sino para que no le descontasen de su sueldo lo que ella necesita para mantener a su hijo, se presentaba a trabajar.

Hemos tenido que soportar que un funcionario de la oficina de personal de la Unidad, en la cara, le dijese que tenía “exceso de carpeta médica”.

Durante todos estos años, y ante la gravedad de su enfermedad, hemos tratado que alguien pusiese algo de voluntad para tramitar lo que corresponde, que es el cambio de Art para jubilarse anticipadamente y no sufrir el descuento total de su sueldo. No es fácil para una madre soltera y postrada en una cama, seguir criando a un hijo de 9 años.

Me pregunto cada día donde están los Derechos Humanos. O es que sólo existen para las personas privadas de libertad?

Mi hija los cumplió acabadamente. Tal vez sea lógico que como madre lo diga, pero pueden preguntar a cualquiera, tanto compañeros de trabajo, superiores, como a cualquiera de los o las internas, o inclusive al Supervisor Regional del Ministerio de Justicia quien siempre diligenció sin obtener respuesta favorable, que saben quién es mi hija como funcionaria.

Pero todos se llaman a silencio. Todo está inmerso en una burocracia incomprensible mientras a mi hija cada nuevo día la acerca a un final sin retorno.

Me he cansado de presentar historias clínicas, muchas veces demoradas en las oficinas tanto de la Unidad, como de la Jefatura del Servicio.

Me han pedido documentación en la Unidad penal y en La Plata, pero la respuesta no llega.

LO QUE LE CORRESPONDE POR LEY, NO SE LO DAN.

Me consta de la gestión de algunas personas, pero solo gestiones de buena voluntad. Me consta que algunos funcionarios que no tienen nada que ver, ante la desidia de quienes deben tramitar y no lo hacen, emiten notas y llaman a La Plata a conocidos para ver si se puede agilizar el cambio de Artículo, porque los caminos legales y burocráticos no funcionan.

Me consta que a muchos le han dicho “ESO NO TE CORRESPONDE A VOS HACERLO, DEJA QUE LO HAGA QUIEN CORRESPONDA” Mientras tanto los días siguen corriendo y nadie me da respuesta.

Reitero que no pido lo que no corresponda. Solo pido que alguien de buena voluntad se tome un tiempo, lea todo lo que hemos enviado y firme el cambio de Artículo.

Me he cansado de golpear puertas. Deberé golpear las puertas de la Gobernación, con escándalo público para que alguien me escuche?

Atte: Carmen, mamá de Claudia

(Nota de redacción) Ante ésta situación, nos pondremos en comunicación con el Supervisor Provincial de Unidades Penitenciarias, Luis Simonetti, referente de nuestra ciudad ante las autoridades provinciales y dispuesto cada vez que se necesitaron explicaciones serias, responsables y comprometidas.
Es por lo menos grave, que quienes cumplen con su trabajo no sean tenidos en cuenta para su reconocimiento y en éste caso, de alguien que en el cumplimiento de su deber, está hoy postrada, esperando que se defina su situación.
El Ministerio de Justicia, que tanto plantea la seguridad de los bienes a cuidar que en este caso es el de una penitenciaria que cumplió con su deber y que como mamá, no puede hacerlo, no cuide a su gente. Alguien en todo ésto se lava las manos y el tiempo pasa. Alarma que luego de nueve años, un Ministerio no emita una respuesta oficial.

¿Que clase de autoridades menosprecian el deber ser de sus trabajadores a cargo?, es la pregunta.
Los derechos humanos comienzan en el lugar del ejemplo a dar y servir. No llama la atención que sean las autoridades políticas los que no comprendan la situación de los propios penitenciarios.

AMPLIAREMOS

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